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porsiaca también he leído a aristóteles

mediodiablo
porsiaca también he leído a aristóteles

con cuatrocientos sesenta mil followers en TikTok, cincuenta y tres millones ochocientos mill likes, y la oportunidad de publicar dos videos de 15 segundos cada uno cada día haciendo muecas o contando chistes, Joaquín Zapatero, a sus escasos 21 años, podría sentirse un hombre realizado.

Lo visitamos en casa de sus padres un domingo de abril. Nos dice que aún no sale del cubil parental porque no ha querido monetizar su presencia en las redes sociales. "El dinero cambiaría el sentido de lo que hago" reflexiona en voz alta.

Estamos en la cocina de su casa, de pie formando un círculo. Su madre nos ofrece piscos sours.

"Y entonces de qué vas a vivir?" Preguntamos y de reojo notamos que su padre, a algunos pasos de distancia, nos oye y se cubre el rostro discretamente. "Eventualmente, obviamente, monetizaré (I will monetize), pero eso será si llego a tener cuatro o cinco millones de followers".

"Joaquín, cuéntales sobre el trabajo part time que has conseguido", interviene su padre, algo ansioso.

"Soy un analista ontológico", comenta Joaquín mientras toma una mandarina de una canasta.

Ontológico... ontología..., nos quedamos pensando mientras tratamos de identificar este concepto en el planisferio de la filosofía. No logramos hacer contacto con nada concreto, solamente vagas resonancias de Descartes, Santo Tomás quizá?

"Bases de datos", dice Joaquín, "es un trabajo donde analizo conjuntos de datos y su interrelación con otros conjuntos de datos pero a nivel muy meta (abstracto)... es algo muy importante hoy en día por lo de ei ay (inteligencia artificial)".

Nos explica que esta vez no se trata simplemente de otro asalto al lenguaje perpetrado por la gente de Silicon Valley. Su trabajo colinda casi físicamente con el universo de las humanidades. Se excusa y, a los treinta segundos, regresa con varios libros bajo el brazo que coloca sobre la mesa de la cocina en una pequeña torre.

Todos en edición rústica (paperback) pero ninguno de segunda mano: Los Hermanos Karamazov (Dostoyevksi), El Extranjero (Camus), O Lo Uno O Lo Otro (Kierkegaard), Religión y Ciencia (Russell), y al final de la torrecita: Infinite Jest, de David Foster Wallace.

"Te das cuenta", dijimos, "de que tú ya deberías saber que ese último libro no debe hacer contacto por ningún motivo con los otros cuatro". Como ser pensante que es, Joaquín advirtió que la dirección de la conversación había cambiado. Dijo que en realidad no había podido terminar Infinite Jest pero los otros cuatro libros sí y hasta hizo una pequeña reseña comparativa entre Los Hermanos Karamazov y El Extranjero. Nosotros asentíamos con la cabeza pensando un poco en que un maracuyá sour habría caído mejor a esas horas de la tarde.

Después escuchamos la línea de remate:

"Porsiaca, también he leído a Aristóteles".

Esa misma noche, ya en casa, pensamos en Joaquín y en lo que debía hacerse. Pedimos por Amazon una copia de The Landmark Thucydides (A Comprehensive Guide To The Peloponnesian War) para ser entregada al día siguiente a la casa de los padres de Joaquín.

Dieciséis horas después, recibimos por texto un mensaje de agradecimiento y una especie de promesa: "voy a empezar a leer el libro pronto".

Nuestra respuesta, movida más por la compasión que por la contundencia:

"Joaquín, no debes leer ese libro. Su lectura no te redimirá. Tú solamente tienes que saber que ese libro existe y que lo tienes en esa editorial y que reposa en tu biblioteca. Eso te salvará el día del Juicio Final".